la vuelta
Llego de trabajar y no tengo ganas de nada, mi gato me espera en el tapial del pasillo cuando me escucha llegar, quizás por el tintinear de las llaves al revolverlas con los dedos en la campera o el ruido del piñón de la bici o solo el olor a lavandina que me queda en las manos después de haber limpiado interminables objetos, de haberlos envuelto con estos dedos y luego acomodados uno sobre otro o al lado del otro, para las actividades de mañana por la mañana. Dije los dedos que envuelven las cosas pero mejor diría que se adaptan, al frío, al calor, al agua, a la llama azul de las hornallas , a la inmundicia que saco con frecuencia de los desagües, una masa negra llena de pelos y papeles. Se diría que se trata de una inmundicia muerta, inerte pero cualquiera sabe que ahí dentro bulle la vida como en un jardín.
Después de todo ya llegue a la puerta de casa, ya saque la llave y elegí la correcta, aquella que parece una torre si se la mira a contra luz y quizás si lo hiciera notaria que ya esta atardeciendo y una nube con un rosa luminoso fue dibujado en el cielo como con un pastel por el viento, y el sol, antiguo señor de mis días, me deja otra vez, me deja por ultima vez en este día.
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